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COPIAPÓ, Chile – El rescate de los 33 mineros atrapados a 700 metros (2.296 pies) de la superficie se produciría a partir de las 8:00 p.m. del 12 de octubre, según informó el ministro de Minería, Laurence Golborne.
“Estamos más cerca del miércoles si todo sale bien, si no, podría ser jueves, o también antes”, dijo.
En la mina de oro y cobre San José y el Campamento Esperanza, apostado en los alrededores del yacimiento, se viven horas cruciales con la finalización del encamisado de 90 metros (295 pies) del ducto de rescate.
“Descartamos uno de los tubos porque tenía una pequeña imperfección”, explicó Gerardo Jofré, presidente de la Corporación Nacional del Cobre de Chile (CODELCO), propiedad del Estado. “Por más pequeña [que sea], priorizaremos la seguridad”.
La pesadilla vivida por los 33 mineros, 32 chilenos y un boliviano, comenzó el 5 de agosto cuando un derrumbe los dejó atrapados en la mina, ubicada a unos 800 kilómetros al norte de Santiago.
Algunos de ellos acababan de ingresar porque se estaba produciendo el cambio de turno, otros, como Darío Arturo Segovia, de 48 años, se preparaban para salir.
“Lo estábamos esperando para ir a celebrar el cumpleaños de su hija menor, Andrea, que cumplía cinco años”, dijo Lilia Alvarado, de 58 años y madre de crianza de Segovia, quien perdió a sus padres biológicos cuando tenía cinco años. “Pero él nunca llegó”.

Marian Gallardo, de 9 años, Scarlett Reygadaz (centro), de 10 años, y Vinka Montalbán (derecha), también de 10 años, son alumnas de la Sala San José, la escuela montada en un conteiner y que da clases a los menores de edad familiares de los mineros atrapados. “Me gusta mucho esta escuela porque tenemos muchísimos más recreos que en la otra”, dijo Gallardo. (Marta Escurra para Infosurhoy.com)
Darío Arturo Segovia, al igual que sus otros compañeros atrapados, serán rescatados en la cápsulas Fénix I y II, dos de los tres modelos fabricados por los Astilleros y Maestranzas de la Armada (ASMAR) de Chile y que harán de forma alternada el trayecto de subida en 12 minutos.
La cápsula que descienda será levantada por una grúa con una capacidad de carga de 400 toneladas y penderá de un cable de acero fabricado en Alemania que previene su rotación.
“Experimentarán una sensación parecida a la de una montaña rusa”, explicó el ministro de Salud, Jaime Mañalich.
El funcionario detalló que los 33 mineros han sido divididos en tres grupos: los hábiles, los débiles y los fuertes. Aunque no reveló nombres, indicó que ya están designados los cuatro más hábiles que podrían salir primero.
“Necesitamos a los más hábiles para que nos vayan describiendo la situación mientras se produce la subida y así ajustar lo que haya que ajustar”, agregó.
El segundo grupo en subir será el de los débiles, quienes padecen problemas de salud como diabetes e hipertensión.
Es probable que Luis Urzúa sea el minero que marque el récord mundial de haber permanecido más tiempo en el interior de una mina. Urzúa, un topógrafo de 54 años, es quien se ha convertido en el líder natural del grupo desde que se produjo el accidente.
“Todos pelean por ser el último”, destacó Mañalich, y añadió que horas antes del rescate los mineros harán una dieta líquida para evitar nauseas durante el ascenso.
El mayor riesgo que corren los mineros es sufrir alguna descompensación de presión arterial o falta de oxígeno y el lunes se hicieron ensayos con una cápsula vacía para probar la efectividad y medir el nivel de oxígeno y humedad en cada tramo del ducto.
Ambas cápsulas miden alrededor de 2,5 metros (14,76 pies), pesan 250 kilogramos (550 libras) sin carga y tienen un diámetro de 53 centímetros (20,8 pulgadas). Además, poseen un sistema de ventilación y están equipadas con cuatro tanques de oxígeno que los mineros usarán vía nasal en caso de emergencia.
En primer lugar y después de concretarse el rescate, los mineros estarán alrededor de dos horas en una clínica improvisada en las inmediaciones de la mina para someterse a una primera revisión médica. Luego serán trasladados en helicóptero al Hospital Regional de Copiapó, en un viaje que, dependiendo de las condiciones climáticas, puede durar entre 9 y 12 minutos, explicó Aldo Carbone, jefe del grupo de pilotos.
Una vez en el nosocomio, los mineros pasarán 48 horas en observación, ya que durante dos meses no vieron la luz solar y estuvieron viviendo en un ambiente de 30 grados Celsius (86 grados Fahrenheit) con 90% de humedad ambiental.
“Será un cambio brusco”, refirió Mañalich.
“Los están cuidando como bebés y dentro de poco volverán a nacer”, dijo Cristian Campillay, un minero de 37 años que estaba escuchando las declaraciones del Ministro.
Colaboración estadounidense
El 9 de octubre, la alegría inundó el Campamento Esperanza al conocerse que la perforadora Schramm T-130 logró excavar los 622 metros (2.040 pies) de profundidad y 66 centímetros (26 pulgadas) de diámetro que posibilitarían el ascenso de los mineros.
En este trabajo, mucho tuvieron que ver los estadounidenses Jeff Hart, de 40 años, y Matt Stafeard, de 29, operadores de la T-130.
“[Lograr toda la perforación] fue una sensación indescriptible, no se puede poner en palabras”, expresó Hart, oriundo de la ciudad de Denver, en Colorado.
Por su parte, Jofré destacó la colaboración internacional para las tareas de rescate, las cuales tendrán un costo de US$10 millones, según el gobierno chileno.
“Estados Unidos ha estado presente desde el primer momento que se conoció la noticia de que los 33 (mineros) estaban vivos”, agregó Jofré.
La Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) colaboró con la provisión de alimentos, los cascos dotados de un micrófono y un audífono que usarán los mineros durante el ascenso, al igual que cinturones biométricos que medirán su ritmo cardíaco, frecuencia respiratoria y nivel de oxígeno.
El psicólogo Alberto Iturra, quien estuvo trabajando durante estos dos meses con cinco de sus colegas para brindar contención emocional a los 33 mineros vía videoconferencia, dijo que todos están sanos y que tienen muchas ansias de salir y ver a sus familiares.
No obstante, tanto los trabajadores como sus seres queridos vivirán un proceso de readaptación.
“Están aprendiendo a cómo decir no cuando no quieren algo o cómo comunicar sus emociones”, dijo Iturra. “No quedarán con traumas porque no están enfermos”.
El regreso de los mineros a la vida cotidiana podría llevar unos seis meses, pero a los familiares lo único que les importa es poder volver a tenerlos en casa.
“A mí no me importa cómo venga”, dijo María Segovia. “Lo importante es que venga”.
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