Varias instituciones están tratando de preservar las lenguas originales del país centroamericano....
MONTE PLATA, República Dominicana – Los haitianos han huido de la pobreza de su país natal para conseguir una posibilidad de empleo y una nueva vida en su vecino más próspero, la República Dominicana.
Por lo general se agrupan en bateyes, pequeños asentamientos de casas precarias de madera ubicados en campos de caña de azúcar, que se han convertido en el hogar de cerca de 600 mil inmigrantes haitianos.
La vida nunca ha sido fácil para los habitantes de estos barrios humildes.
Los haitianos de bajos recursos viven en peores condiciones que los dominicanos de bajos recursos, según un informe reciente de las Naciones Unidas. El informe, elaborado por el Programa de Desarrollo de la ONU, indica que mejorar las condiciones de vida de los haitianos es primordial para que la República Dominicana mejore su posición mundial con respecto a los derechos humanos.
“Los inmigrantes haitianos y sus hijos han constituido históricamente una minoría excluida y discriminada en la República Dominicana", señala el informe. "En el pasado reciente, la mayoría de los inmigrantes han sido confinados a los bateyes”.
Desde el terremoto del pasado 12 de junio que destruyó Port-au-Prince y otras ciudades de Haití, una nueva ola de inmigrantes llegó a la República Dominicana. Este flujo de inmigrantes haitianos ha llevado a los locales a reclamar al gobierno que mejore la calidad de vida en los bateyes.
Los residentes de las comunidades de Monte Plata, uno de los asentamientos más grandes de bateyes, dicen que el gobierno debería lanzar un programa similar al que está siendo financiado en esa comunidad por los Estados Unidos.
Con US$2 millones provenientes del Departamento de Agriculutura de EE.UU. y tierras donadas por el gobierno de la República Dominicana, la ONG "Batey Relief Alliance" lanzó un programa que trabaja con los residentes en cultivo de cereales, granos y vegetales en cuatro inmensas granjas. Los residentes reciben un pago por su trabajo, que consiste en plantar, cosechar y sembrar en las granjas orgánicas así como también criar cerdos y cabras para la producción de carne y leche. Esto permite suministrar alimentos a cerca de 35 mil inmigrantes haitianos y residentes dominicanos.
“Para las personas de aquí, este proyecto es una bendición del cielo", dijo Jean Beltre, uno de los agrónomos que supervisa el proyecto. "Recién ha comenzado y ya ayudó a que la gente esté más optimista”.
La "Batey Relief Alliance" ha sido elogiada por las autoridades, incluido el ex presidente de EE.UU. Bill Clinton, por su trabajo en servicios de salud y en la concientización acerca de la discriminación y las violaciones a los derechos humanos que debieron enfrentar los haitianos.
La ONG también recibe elogios de los residentes.
“Pienso que lo que hacen aquí es ayudarnos a permancer juntos. La gente está muy entusiasmada", dijo Agustín Heredia Jáquez, quien vivió en uno de los bateyes durante más de 35 años. “Si podemos convivir de esta manera, no importa si somos haitianos o dominicanos".
Es fundamental crear un sentido de unidad si los dos grupos deciden hacer las paces tras décadas de enemistad. Las fuerzas haitianas invadieron y gobernaron la República Dominicana, a veces con uso de la fuerza militar, a comienzos de 1800. Esto ocasionó años convulsionados de resentimiento y revueltas entre vecinos, que generaron violencia mutua. Durante 31 años, desde 1930 hasta su asesinato, Rafael Trujillo presidió una de las dictaduras más sangrientas de Latinoamérica, que incluyó la orden de matar a miles de haitianos.
“Ha sido duro para nosotros estar aquí. No tenemos los mismos derechos que las demás personas", dijo Miguel Marmi Batista, hijo de inmigrantes haitianos de 44 años nacido en Monte Plata, comunidad situada a unas 35 millas al norte de la capital. “Y no hay trabajo, nada para hacer. Así es que mucha gente abandona a sus familias y se marcha a la ciudad [Santo Domingo] para trabajar. Pienso que por eso hay discriminación, eso es lo que ven los dominicanos”.
Marmi, encargado de supervisar una de las cuatro granjas, dice que el empleo y el sentido de comunidad creados por el proyecto son tan importantes para los residentes como los granos y las plantas de yuca que lo sostienen.
“Cuando tienes una oportunidad como ésta, todo cambia”, dijo. “Aún hay discriminación, pero pienso que esto demuestra que se puede cambiar, poco a poco”.
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