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México produjo 100.000 hectolitros (2,6 millones de galones) de vino en 2009, último año del que hay estadísticas disponibles, Argentina y Chile produjeron 12,10 millones de hectolitros (319 millones de galones) y 8,44 millones de hectolitros (222 millones de galones) respectivamente, según la Asociación de Productores de Vino de California, el Instituto del Vino. (Iván Alvarado/Reuters)
CIUDAD DE MÉXICO – A pesar de ser elogiada mundialmente por la calidad y variedad de sus productos, la industria vitivinícola mexicana permanece detrás de otros países productores de vino en términos de reconocimiento mundial y presencia.
Aunque en determinadas regiones de México, el clima y los suelos son propicios para el cultivo de uvas (especialmente en el estado de Baja California), existen muchas barreras que afectan la distribución masiva de los vinos locales.
La industria vitivinícola de México se ve afectada por el incremento en los precios de las bebidas en el mercado mundial y las fluctuaciones en las tasas de cambio, sumado a que los proveedores disminuyen el volumen de pedidos y los minoristas demandan más dinero para abastecer y promocionar productos nuevos y otros ya existentes.
“El nivel de [inversión en] producción requerido sencillamente debería ser muy grande como para que [nosotros] podamos pensar seriamente en exportar,” dijo Tru Miller, uno de los dueños del viñedo mexicano Adobe Guadalupe en Ensenada, Baja California.
Como resultado, el interés en los vinos mexicanos ha decaído en la última década, plantea Philip Amery, director de Albion Wine Shippers, una comercializadora boutique de vinos con sede en Londres.
“No es fácil importar vinos mexicanos, principalmente debido a los costos de entrada y salida de contenedores hacia y desde México, sumado a la logística interna, que hace más difícil y más costoso ingresar contenedores por la costa este,” plantea Amery, cuya firma ha ayudado a promover la importación de vinos mexicanos a Europa. “El vino mexicano puede competir con vinos de otros países, pero no en grandes cantidades, ya que los costos son muy altos.”
Los números hablan por sí solos: Mientras que México produjo 100.000 hectolitros (2,6 millones de galones) de vino en 2009, (últimas estadísticas disponibles) Argentina y Chile produjeron, respectivamente, 12,10 millones de hectolitros (319 millones de galones) y 8,44 millones de hectolitros (222 millones de galones) ese mismo año, según el brazo investigador de la la Asociación de Productores de Vino de California, el Instituto del Vino.
Otro problema es simplemente que los aficionados del vino no saben dónde comprar vinos mexicanos.
“Sigo pensando que deberían estar en todos lados, pero son muy difíciles de encontrar,” plantea Corie Brown, Gerente General de zesterdaily.com, un sitio web de Los Ángeles dedicado a la “cultura de la comida y bebidas.”
En España, uno de los mercados de vino más grandes del mundo, el crítico Nico James simplemente dijo “nada” cuando se le preguntó qué sabia acerca del vino mexicano.
“Hay muy pocos tomadores de vino que conocen el vino mexicano,” señaló. “Introducir un producto proveniente de un país que no se asocia con la producción de vino no es fácil, requiere educación, degustaciones y mucha paciencia.”
La cuna del vino
El nacimiento de la producción de vino en las Américas no tiene sus raíces en los fértiles valles de Mendoza, Argentina, ni en las llanuras de California, sino en el áspero terreno mexicano.
Fue en Nueva España, como se conoció a México durante el dominio español (de 1521 a 1821), que los conquistadores y misioneros introdujeron por primera vez el vino, y donde luego establecieron viñedos en los valles que rodean la actual Ciudad de México.
La historia tiene un origen aún más antiguo, ya que las tribus indígenas mexicanas, (los Aztecas, Zapotecas y Toltecas) solían fermentar fruta para hacer bebidas alcohólicas para las ceremonias y actividades de recreación.
Desde sus relativamente humildes comienzos, los viñedos mexicanos continuaron promoviendo productos y expandiendo sus variedades, al tiempo que muchos conocedores plantean que la calidad de los vinos mexicanos compite con los mejores del mundo.
“Los vinos mexicanos son muy buenos en términos de calidad,” señaló Amery.
Los productores de vino han estado aumentando la variedad de vinos para satisfacer el creciente mercado local.
“Aunque [los vinos mexicanos] se inclinan más hacia los vinos tintos, los viñedos también tratan de satisfacer a aquellos que prefieren los vinos blancos, rosados, espumantes y dulces,” señala Rafa Ibarra, crítico mexicano de comida y bebida.
Cambio de opinión
Amery dijo que además de inversión y mejor distribución, se necesita un cambio de cultura para promover los vinos mexicanos.
“Los vinos mexicanos encontrarán dificultad en establecer un gran mercado en cualquier lugar, ya que nadie asocia la comida mexicana con el vino, sino con cerveza y tequila,” señaló. “La mayoría de los restaurantes mexicanos solamente quieren los vinos más básicos y baratos.”
Pero algunos, como Ibarra, creen que la calidad general de los vinos mexicanos lograrán crear un nicho en el mercado mundial.
Los vinos mexicanos han obtenido numerosos premios importantes. El Cabernet Sauvignon de L.A. Cetto obtuvo la medalla de plata en el concurso Tasters Guild en la ciudad de Traverse, Michigan, en 2010, y el Chardonnay del viñedo Casa Madero obtuvo la medalla de oro en el concurso Chardonnay du Monde en Burdeos, Francia en 2007. Casa Madero obtuvo una mención de honor en el Concurso Internacional del Vino en Londres, en 2007.
“Nuestros increíbles vinos han ganado cientos de medallas en competencias internacionales,” plantea Ibarra. “Ahora, solamente necesitamos un poco más de apoyo para que más viñedos comiencen a cruzar las fronteras.”
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