‘Estaba esclavizado por el fusil’
11/03/2010BOGOTÁ, Colombia – A los dieciséis años, Euclides Ramírez se unió a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) —como último recurso.
No tenía un trabajo fijo y vivía con sus padres en el municipio de San Rafael, uno de los mas pobres del departamento de Antioquia en el centro de Colombia.
“Las guerrillas [FARC] siempre se mantenían en el área,” comentó. “Se levantaban y se acostaban con nosotros; uno no tenía más opción que entrar a sus filas".
No era nada nuevo para Ramírez, quien vio como sus hermanos abandonaron sus hogares para unirse a las FARC una década antes. Cuando fue mayor, el grupo terrorista lo reclutó, ofreciéndole a sus padres una remuneración de $400.000 Pesos Colombianos (US$200) mensuales por los servicios de su hijo.
Y así fue como se marchó a la selva – la peor decisión que tomó en su vida.
Sus padres no recibieron ni un peso – solamente recibieron la noticia de que dos de sus hijos habían fallecido en combate.
BOGOTÁ, Colombia - Son los hijos de soldados, policías o políticos, y todos tienen algo en común: Sus padres están secuestrados por el grupo guerrillero Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). (Video de AFP)“Estaba esclavizado por el fusil,” dijo Ramírez. Nos decían “que no importaba si un guerrillero se perdía, lo que no se podía perder era el fusil.”
Ramírez vivía con temor hacia sus oficiales de mando, ya que ante cualquier equivocación, lo amenazaban con fusilarlo. Su mente estaba plagada de los comentarios negativos que le hacían acerca del gobierno. Sus miedos se volvieron tan fuertes que prefería la muerte a ser capturado.
Ramírez estaba aterrorizado acerca de lo que el gobierno podría hacerle en prisión.
Por lo tanto, Ramírez hizo lo único que podía hacer: huyó.
Durante tres meses, se ocultó en la selva, incrédulo acerca de la amnistía concedida por el gobierno a los integrantes de la guerrilla que abandonaran el grupo terrorista.
Cuatro años después, Euclides Ramírez ya no forma parte de la guerrilla que combate contra su país.
Él intenta reinsertarse en la sociedad mediante la terapia. Actualmente vive en Sincelejo, una ciudad al oeste de Colombia, en donde abrió su propio negocio como mecánico de motos.
Pero sus días junto a las FARC aún son parte de él. Recibe tratamiento por parte de profesionales de la Fundación Restrepo Barco para mejorar su autoestima y superar problemas emocionales. Esta ONG atiende a 200 ex integrantes de la guerrilla en Sincelejo y Corozal, al norte de Colombia, en convenio con la Organización Internacional para las Migraciones y la oficina del Alto Consejero para la Reintegración [social y económica].
Los ex combatientes dicen que no se trata de un proceso sencillo el pasar de estar años en una selva sin reglas a convertirse en un miembro productivo de una sociedad gobernada con leyes. Cada paciente recibe $350.000 pesos colombianos (US$185) por parte del gobierno por cada mes que sigan en el programa, el cual puede llevar hasta seis años, y ese dinero alcanza para la renta y no mucho más.
“Acá todo depende de mí, no estoy bajo las órdenes de nadie,” afirmó Ramírez. “Tomo mis propias decisiones y he aprendido a valorar mi propia vida; antes solo pensaba en matar o morirme. Ahora volví a nacer aunque por la falta de la vivienda se nos hace más difícil la vida.”
¿Completará Ramírez el proceso de rehabilitación? Si lo hace, tendrá que deprogramar siete años de información aprendida en la guerrilla
Desde 2002, cerca de 50.000 guerrilleros fueron desmovilizado s, pero apenas un 12% tuvo una exitosa reinserción en la sociedad. Además, solamente el 10% de los ex guerrilleros que se adscribieron al programa lo terminaron, mientras que 5.088 lo abandonaron voluntariamente, según los datos suministrados por el Alto Consejero para la Reintegración, Frank Pearl.
“La reintegración trabaja con la persona que se desmoviliza, su familia, las comunidades a donde llega. Buscamos generar capacidades para que puedan valerse por sí mismas, y dejen de depender del gobierno”, aseguró Pearl. “Este proceso dura entre 4 y 6 años y es una estrategia de paz para desarticular un grupo que hace la guerra. Nosotros invertimos en ellos, les asignamos una psicóloga, como así también a sus familias. Es obligatorio que ellos estudien, y mediante los programas culturales y deportivos buscamos prevenir la violencia. Además, les decimos que ellos tienen la misma dignidad que cualquiera”.